Vuela pajarillo

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Unos días antes de la boda;

Estábamos en el salón del apartamento que teníamos alquilado, ella sentada en el sofá y yo preparándome para ir a trabajar, de que estábamos hablando es casi imposible acordarme pero sé que hablábamos amenamente de nuestras cosas. Hasta ese momento todo era como un sueño hecho realidad, la mujer de la que me había enamorado se iba a casar conmigo, no había dudas, fisuras, ni nada que pudiera romper ese sueño.

Un pensamiento espontaneo, repentino, indeseado, apareció por mi mente…                                                                                                               ¿Seguro qué te quieres casar con ella?                                                               Recuerdo que ese pensamiento me dejó bloqueado, me asustó e hizo que mi cuerpo tuviera una reacción física casi desconocida, y digo casi por que de pequeño era muy miedoso, me daba miedo casi todo, pasar por un puente, meterme en el mar, subir alturas, subir las escaleras del bloque donde vivíamos, levantarme de noche, esas situaciones creaban reacción de miedo a las que me costaba hacer frente, era lo más parecido a lo que me estaba ocurriendo. Ese pensamiento que me asustó tanto, hizo que inmediatamente fuese a abrazarla y pensar, no, no, yo la quiero… ella por supuesto no se percató de nada, es todo silencioso salvo dentro de tu cabeza, yo tampoco sabía de que trataba todo esto.

Me fui a trabajar con esa sensación y con eso dando vueltas en                     mi cabeza…  ¿Si has pensado eso es qué no quieres casarte con ella?               No puede ser… si estoy enamorado…                                                               ¿Pero estas seguro?

Pasando los días la cosa seguía igual, cada vez que venía un pensamiento iba a abrazarla, a mirarla, a comprobar que todo estaba bien y que sentía lo mismo por ella. A la vez sentía por momentos que estaba súper enamorado, que era súper guapa, que sentía muchísimo por ella o al contrario, la veía fea, como me podía haber enamorado de esa persona, no sentía nada por ella… cuando me venía todo lo negativo me defendía con todo lo que podía, la abrazaba y decía…no, no, tú la quieres.

El día de nuestra boda la recuerdo con mucho cariño y pena a la vez, era todo muy informal, nos casamos en un juzgado de paz un lunes, rodeado de compañeros del trabajo y que cosas, el juez de paz que nos casaba era el mismo que repartía el pan en el hotel donde trabajábamos.

Después de casarnos nos fuimos a un lugar muy bonito a hacernos fotos y luego de eso a un restaurante a almorzar y celebrarlo con los amigos, la cosa se alargó hasta la dos o tres de la madrugada, en un pub donde parábamos siempre.                                                                                           Comimos, bebimos y reímos, un día inolvidable…                                         Pena siento por qué me pase todo el día abrazándola y mirándola, podría parecer maravilloso pero en realidad lo que estaba haciendo era comprobando, asegurándome que estaba todo bien, que me gustaba. Parecía por muchos momentos que era una desconocida para mí, una persona extraña  por la cual no sentía nada.

Nos fuimos de viaje a conocer a nuestras respectivas familias, primero le tocó a ella conocer a la mía, los cuales quedaron encantados con ella, por su simpatía y por lo natural que era.                                                                 Pasamos una semana maravillosa, en la que esas sensaciones y pensamientos iban y venían. Luego toco en su tierra y su familia, como anécdota la cara que pusieron cuando me conocieron, yo tenía 22 años pero parecía que tenia 15, todo el mundo le decía…pero Belinda si te has casado con un niño…                                                                                                               Volvimos después de 15 días, empezábamos a vivir nuestra vida de casados. Los pensamientos venían y las acciones que realizaba como comprobaciones también, pero de forma intermitente, había días que si, días que no, por momentos.                                                                               Tenía altibajos, de repente la quería con locura y sentía algo desorbitado por ella, que de repente no sentía, nada. Las acciones eran como siempre abrazarla, besarla y no separarme de su lado, hasta que empecé a sacudirme la cabeza… sacudirme la cabeza era como diciendo ¡basta! cada vez que me venía los pensamientos y las sensaciones, la sacudía como diciendo fuera de aquí.                                                                                               Por las mañanas me despertaba soñando que la perdía, que la amaba y no quería perderla. La abrazaba al despertar, me despertaba con el mismo sueño casi todos los días.

Mientras tanto nos alquilamos una casita pequeñita que pusimos a nuestro gusto, en una calle tranquila y además barata, lo que hizo por aquel entonces que consiguiéramos nuestros primeros ahorros para comprarnos nuestro primer coche de segunda mano o de tercera… yo que se…era muy viejito el pobre, pero que bien lo pasamos con él.

También cambie de trabajo, quería seguir aprendiendo y en cuanto tuve la oportunidad la aproveche, atrás quedo el hotel donde nos conocimos.

Después de unos meses…

Los pensamientos, las sensaciones y las acciones que realizaba se fueron tal como vinieron, pasaron por mi vida sin darme cuenta y digo sin darme cuenta porque nunca supe que me pasaba, que era. Yo nunca tuve conciencia que por mi había pasado una obsesión, por su puesto menos que era un T.O.C, una compulsión ni nada parecido. Todas estas conclusiones las puedo sacar ahora que se dé que se trata y puedo atar hilos para darme cuenta que los cuervos negros habían volado en mi cabeza sin que yo me percatara de ello, como una cría que es atacada por un depredador, inocente y desprotegida.

Claro está menos pude hablar con nadie, pues ni yo me cuestioné ni tan siquiera si aquello era un problema. Lo sentí como algo de mí, como una parte más de mi forma de ser y actuar.

Tengo que decir que aquello fue incomodo y fastidioso, pero no recuerdo sufrir por ello, quizás por eso no fuese a mas y quedó en algo pasajero, aunque recuerde con pena el día de mi boda y algunos momentos por el rechazo que sentí por ella a causa del trastorno.

Sin lugar a dudas y ahora que puedo hablar con conocimiento, la boda era un cambio crucial en mi vida, el estrés que causo aquellas semanas de preparación y el del trabajo, mas mi personalidad, hicieron un campo de cultivo perfecto para que aquello ocurriera.

Ese pensamiento recurrente en forma de duda, que en cualquier otro momento de mi vida hubiese pasado como pajarillo por el cielo, fue como cuervos negros volando en círculos y ahí se quedaron durante un tiempo atacándome indefenso y sin ningún tipo de arma para defenderme.

5 opiniones en “Vuela pajarillo”

  1. Hola que tal!!! Que historia DIOS!!! Asi me pasó con mi marido , asi empezo mi toc lo quiero no lo quiero y hacia las mismas cosas que tú para comprobar si lo queria o no . Tengo que enviarte mi historia. A mi me han cambiado los “temas “durante todos estos años!. Un abrazo te sigo.

  2. Eres genial, de verdad. Gracias a los vídeos de Alejandro Ibarra y a este blog me he dado cuenta de mi problema y me he podido poner en manos de un psicólogo antes de cometer un grave error. Dais luz en este túnel. Increíbles. Mil, mil millones de gracias.

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