En el camino del T.O.C.

control3

Los años después de casarnos fueron maravillosos, atrás quedo aquella duda, aquellos pensamientos que causaron ansiedad,  parece que solo me quedé con lo bueno de aquel momento, nunca recordé que aquello hubiese pasado, ni le di la mínima importancia.

Vivimos en la casita pequeña un par de años, pagábamos poco alquiler y es que era tan poca cosa… una habitación, un saloncito y un pasillo con cocina…pero que de recuerdos. Aquellos años los recuerdo con tanto cariño, nuestro cochecito viejo que nos llevaba a todos los lados, cada día que descansábamos nos llevaba a la playa donde pasábamos el día entero tomando el sol, esa afición la guardamos aun, aunque pasen los años.

Recuerdo cuando escuchaba aquella chatarra llegar por la calle, eso significaba que ella llegaba del trabajo y allí estaba yo para recibirla.

Vivir en aquella casa además de unirnos cada vez mas hizo que ahorráramos algo de dinero para dar la entrada para un apartamento. Aun recuerdo el día que fuimos a dar el dinero, que nerviosos estábamos, sobre todo yo, eran pasos importantes en nuestra vida y yo como siempre los vivía de forma muy ansiosa y obsesiva. Leía, releía los documentos, pasaba por la obra dos veces al día, mañana y tarde…ahora que lo veo desde la distancia me doy más cuenta de mi forma de ser, desde siempre.

El trabajo también me lo tomaba de forma muy exigente, también de forma obsesiva, pues tenía la meta de crecer, de llegar alto, aparte de eso me encantaba lo que hacía. Eso hizo que ascendiera pronto en este trabajo, y al poco tiempo otra vez, dos categorías en dos años. Cada ascenso por supuesto significó más responsabilidad, a la vez más exigencia.

Y por fin llego el día en el que nos entregarían las llaves de nuestro apartamento, fuimos el mismo día en el que nos llamaron de la promotora y de allí directamente a nuestro nuevo hogar, que contentos estábamos pero que de trabajo y dinero faltaba allí, nos habíamos quedado sin blanca después de aquello. Los primeros meses, dormíamos con el colchón en el suelo, en el salón; Un sofá prestado, una mesa y sillas de jardín, un par de estanterías y una tv pequeña.

Cada vez que teníamos tiempo y algo de dinero íbamos de compras para ir poco a poco vistiendo nuestra casa, nos encantaban esos días, no sin alguna discusión por los distintos gustos, así hasta que conseguimos ponerla bonita. Y que bien nos quedó…

Una vez la tuvimos preparada, me dio por limpiarla y ordenarla, no soportaba tener algo sucio o desordenado, empezó de menos a más, hasta que mi día de descanso me lo pegaba limpiando hasta la última raya de las persianas. Belinda por su puesto se quejo en más de una ocasión, hasta el punto que prefería no descansar el mismo día que yo, pues la hacía trabajar y además no me parecía que hiciese bien nada de las tareas. Los días que descansábamos, empezábamos por la mañana y acabábamos por la noche, agotados y discutiendo.

A eso se le sumo un nuevo coche que también nos compramos, un 4×4 nuevecito al que le dedicaba otra parte de mis horas de descanso. Sin mencionar las veces que pase por el escaparate para verlo antes de tenerlo, yo diría que unas tres o cuatro veces al día, así hasta que me lo entregaron.

Bueno, pues lo que debería ser un disfrute de lo que había conseguido, se estaba convirtiendo en un azote para mi mujer y para mí. CUANTA EXIGENCIA. Belinda dijo “BASTA” yo no limpio mas… si quieres limpia tu, que yo quiero vivir. Sinceramente esa basta redujo un poco ese comportamiento hacia la limpieza y el orden, quizás ese toque de atención consiguió que no se convirtiera en T.O.C. aquella conducta.

En el trabajo era prácticamente igual, lo tenía que tener todo en el mismo sitio, la misma posición, todo limpio y organizado. Eso claro está, a la vista de un jefe es maravilloso, una persona que se preocupe tanto por tenerlo todo en perfecto estado, eres muy valioso. ¿Pero cuanto desgaste? ¿Cuánto tiempo perdido? ¿Cuánto estrés?

Además este es un bicho insaciable, cada vez quiere más y mas, no te deja descansar, este bicho no es otro que la EXIGENCIA.

Tengo que agradecerle a mi mujer por soportar todo aquello, lo que le hice trabajar y la de horas que pasamos retirando muebles…Gracias por aguantarlo y aflojarme en aquel momento.

Tengo que decir que aparte de todo esto pasábamos muy buenos momentos, el amor estuvo siempre presente y los recuerdos son también maravillosos. Nos encantaba invitar a amigos a cenar y así mostrar mis dotes como cocinero, lo que iba aprendiendo en el trabajo lo cocinaba en casa, por supuesto ella estaba encantada con eso, era mi critica nº 1, bueno aun lo es…

No tardaríamos mucho en pensar en un bebe, la realidad es que fui yo el que más insistí, tenía muchísimas ganas de tener algo que nos uniera aun mas, como repito las cosas mil veces y además la convenzo rápido, la convencí  enseguida y fuimos a ello. Los dos queríamos una niña, la buscamos hasta que pronto tuvimos el aviso de que estaba embarazada. Que ilusionados los dos, pensando en el nombre que le pondríamos a la niña. Todo hasta que en una ecografía nos dijeron que era niño, eso pasa por adelantar las cosas…

Preparamos todo lo necesario para el nacimiento, su habitación, la ropita y demás enseres. Yo como siempre me tomé toda esta preparación con mi forma particular de hacer las cosas, que no era otra que obsesivamente, todo súper ordenado, la habitación la observaba diez veces al día y nunca la encontraba perfecta, siempre faltaba algo, aparte de limpiarla varias veces a la semana y eso que no había nacido.

Antes de que naciera estando Belinda de cinco meses de embarazo, le regalé un vuelo para que fuese a ver a su familia antes de que naciera el niño, ella estaba de baja y yo tenía que trabajar, por lo que no pude acompañarla y fue sola. Estuvo una semana, yo mientras tanto, no paraba de echarla de menos, estaba deseando que llegara. El día que volvía, yo descansaba, antes de pasar por el aeropuerto a recogerla me pase por la floristería a comprarle un ramo de flores, que deje en el coche por vergüenza. Yo esperaba en la puerta de salida de pasajeros inquieto, al verla me apresure a ayudarla a coger las maletas y darle un abrazo, cuando siento una apatía que no era normal y un pensamiento que me dice “no sientes nada”

En ese momento empezó la pesadilla….

Las conclusiones que saco de esta época de mi vida, es que fueron unos años muy bonitos de crecimiento, en todos los sentidos, como pareja y profesionalmente. Luché mucho por tener cada cosa y conseguirla, pero la “EXIGENCIA” no me dejó disfrutarlas. El conseguirlas hizo que el esfuerzo se multiplicara, por una parte el esfuerzo en mi trabajo exigente y por otro el esfuerzo limpiando y ordenando cada cosa, sin conseguir disfrutar de ellas como se merecían.

Estaba en el camino del T.O.C. le estaba dando armas para que viniera cuando quisiera, de la forma que fuese, quizás por mi mujer, quizás por mí mismo, no caí en otro que no fuese el T.O.C. del amor, que ha sido hasta ahora el único que me ha atacado de verdad.

Cuando me toque morir, nadie morirá en mi lugar, así que hoy he decidido vivir lo que nadie vivirá por mí: “MI VIDA”

Álvaro Mor

2 opiniones en “En el camino del T.O.C.”

  1. Hola, buenas noches. Desde que un día me cansé de buscar cuántas son las personas que pasan por este problema del TOC de amores, decidí empezar a buscar mejor las soluciones frente al problema, testimonios de superación, entre otras cosas.
    Hoy estoy aquí, porque por fin me quiero atrever a contar mi experiencia. Quizá a alguien le sirva también.
    Soy de Colombia, y en el 2015 a finales de noviembre empezó esta tortura. Por mi cabeza han pasado todo tipos de pensamientos obsesivos y sus diferentes compulsiones. No comprendía lo que me pasaba, pero tenía ideas religiosas, hasta tal punto de que como soy cristiana, quería que me ayudara Dios a superar lo que no sabía que me pasaba. En ese tiempo tenía una relación con un muchacho que para colmo era ateo, pero a mi no me importaba mucho al principio porque yo me he cimentado en la fe cristiana pero a veces me he perdido también de ella. Entonces mis pensamientos comenzaron a decirme que la única forma de librarme de mi angustia y ansiedad, era dejándolo. Y así fue. Al cabo de 15 días casi exactamente, se me pasó todo y quise volver con él porque sentía que ya lo quería, que todo ya había pasado, pero él no quiso estar conmigo porque yo lo había terminado por asuntos religiosos. Y sin decirles mentira, la tusa me duró dos años, sin hablar de la depresión que tuve al principio tratando de aceptar la pérdida de ese ser amado. Desde ese momento caí en relaciones desastrosas que dañaron mi seguridad y muchas cosas mas horribles.
    Ya para el 2018 tuve un cambio de mentalidad en la que le pedía al Señor que pusiera un hombre en mi camino que me quisiera realmente porque no deseaba sufrir más. Yo esperaría lo necesario pero me decía a mi misma que debía quererme y no volver a caer más en alguna relación tóxica que me duraba sí era mucho, un mes. Y Sin decirles mentira, conocí a un hombre maravilloso. Por primera vez, decidí hacer cosas correctas para consolidar realmente una relación y así fue. Fue creciendo un vínculo hermoso, lleno de confianza, y apoyo. Hasta que después de quizá 4 o 5 meses, nos enfermamos mutuamente por una comida que nos intoxicó. Estuvimos el uno para el otro hasta poder sanarnos. Pasada las semanas, él se mejoró, y yo seguía mal con los síntomas, y ahí fue donde vino el TOC nuevamente a mi vida. El TOC siempre ha venido a mi vida en lapsos de 6 meses pero no recaía como en esa primera crisis de 2015 que duró como 20 días hasta que cedí a la compulsión aquella que les conté.
    Entonces me empecé a preguntar por qué no me sanaba, estaba haciendo algo malo en mi vida que no me permitía sanarme? Estaba pecando mucho y eso no le dejaba sanarme? Dios me estaba castigando? Mi relación no le estaba gustando a mi Dios? Debía dejarlo otra vez a esta nueva persona? Fue allí entonces cuando por fin me tocó buscar ayuda psiquiátrica gracias a mi madrastra que es medicada por depresión y trastorno de ataque de pánico. Me dijo que el Señor le daba el conocimiento al hombre y que esté a su vez era herramienta para ayudarnos mutuamente… Y por eso fue que cedí.
    En la urgencia, un amable psiquiatra, escuchándome y hablando conmigo todo a detalle fue quien dictaminó que tenía TOC y depresión leve. Lo más cómico es que él sufría de lo mismo y me dijo que no le tuviera miedo al medicamento ni a nada que leyera en internet si tenía cura o no porque eso solo me causaría más ansiedad. Solo me dijo que esto con tratamiento se iba a cambiar ese chip y forma de pensar, pero que confiara en el medicamento y que si yo creía en Dios, confiara que todo iba a volver a la normalidad (saben por qué me motivó tanto eso? Porque el psiquiatra era ateo y aún así él me animó a seguir creyendo que vivir con preocupaciones no es algo que a Dios le gusta de nosotros, así que tenía que ser más flexible, aceptar los errores y dejar el perfeccionismo ético y moral por el que fui diagnosticada).
    Entonces pasado todo, fui mejorando, aunque a veces habían días horribles. Una vez salí con un amigo que un tiempo fuimos ex, y él me quiso robar un beso y eso me puso mal porque sentí que le había sido infiel a mi novio. Me obsesioné todos los días buscando en Google tipos de infidelidad, hablando con amigos preguntándoles si le había sido infiel, qué pensaban, etc. Hasta el día en que no pude más y le tuve que contar a mi novio y él tan hermoso me calmó y me dijo que creía en mi y que fuese lo que fuese, ya había pasado, que no le diera importancia. Ustedes no saben cuánto amor sentí en ese momento de solo pensar cuán hombre maravilloso Dios me había puesto a mi lado. Entonces empecé a obsesionarme pensando en que él era perfecto, y ahí vino el TOC de amores, porque una vez un amigo contándome sus problemas de novio con una amiga, sentía que tenía monotonía y que quería como dejarla si ella no cambiaba. Entonces yo me empecé a preguntar: será que a mi me pasa algo igual? En mi relación habrá eso? Y si lo que pasó aquella vez fue porque no le quise la suficiente? Será que no lo quiero? Ay por Dios, no lo quiero! Y me empezó a perfumar esos pensamientos todos los días. Me sentía horrible. Entonces un día fuimos a comprar pizza, y comiendo, la mordí y no di para tragar, y fue ahí cuando salí corriendo al baño desesperada porque me entró un ataque de ansiedad que no pude soportar y me tocó decirle lo que me pasaba, lo que pensaba. Eso medio me calmó pero aún así mis pensamientos no callaban. Entonces en las citas con la psicóloga y psiquiatra, me dijeron que era normal, que yo sí lo quería, que me fuera de viaje (porque teníamos programado un viaje a Cartagena para el cumpleaños de él), me dijeron que me metiera al mar y me quitara esa sal, que sólo eran pensamientos y ya. Eso me calmó bastante, y en medio del viaje, toda esa ansiedad fue bajando. Empecé a verlo con ojos de amor, empecé a dejar de tener miedo y ME CURÉ. Todo el tratamiento seguía súper bien en mi. Seguía mis pastillas, mis sesiones, etc. Pero el tratamiento debía durar un año y se recomendaba que después de un año, se dejara por 6 meses más. Y adivinen qué hice? Me sentía en la cima del bien, creyendo que ya no volvería JAMÁS, y dejé el tratamiento cuando solo llevaba 5 meses. Al cabo de 4, ya para eso marzo, empecé a sentir malestares nuevamente. Dudas, inseguridades, depresión leve. Y supe que toqué fondo cuando en un viaje a San Andrés con mi novio, le vi una conversa con una ex de hace como dos años. Ellos son amigos, pero como a mi me ha ido mal en mis relaciones, siempre opté la medida por tomar el hecho de que todos los ex’s son enemigos. En fin… Ellos son amigos y salieron porque ella estaba teniendo muchos problemas laborales, de salud, su familia, y él es su amigo. Lo que a mi me duele del asunto, es que mi novio al saber del TOC, no me hace saber ciertas situaciones porque le da miedo cómo pueda manejarlas… Y claro está, la manejé súper mal. Porque aún viendo yo en las conversaciones donde hablaban como amigos y ella le agradecía el hecho de ayudarle, y saber que no pasó nada VIÉNDOLO YO con mis propios ojos, yo me puse furiosa. Pero bueno, es algo que cualquier mujer le molestaría. Lo peor es que él le trató de ayudar ese día a ella y le aclaró que su amistad ya no podía ser más como antes porque a mi no me gustaba, y aún así viendo lo que este hombre por amor hace por mi, yo seguía viendo el hecho mal. Entonces mi psicóloga me dijo que es normal que me pusiera así, pero lo hubiera tomado de mejor manera si hubiera seguido tomando mi medicamento, pero como lo había dejado, lo había vuelto una obsesión. Todos los días me preguntaba si él me quería realmente. Si hacía bien en continuar la relación. Sentía que si lo veía, veía la cara de la ex, sentía un montón de cosas que en mi cabeza me estaban agobiando. Con la ayuda y el amor de Dios, fui sanando cada una. Después volvieron otras ideas sobre que yo había sido infiel por haber salido con alguien de mi pasado, y que aunque le hubiera contado, yo nunca le dije que esa persona había sido ex mía también. Se volvió una tortura ese pensamiento, que en una crisis de llanto me tocó contarle y él solo me decía que me calmara, que todo eso era pasado (incluso lo de la salida de él con la amiga había sido hace 6 meses). Entonces me decía que todo estaba bien, que no le diera importancia a mis pensamientos porque él sabía que yo era excepcional, fiel, respetuosa, que una mejor mujer no podía ser, que me quería, que ya, ya… Me calmaba con amor. Y listo, así se me pasó. Yo misma estaba alimentando mis obsesiones y compulsiones al ceder. Luego comencé a preguntarme: por qué él es tan Bueno y yo no? No lo merezco. Él merece alguien mejor. Me siento contaminada con esta enfermedad mental. No quiero seguir viviendo así. Siento que no lo quiero y que él me quiere. Siempre que pensaba en una ruptura, me ponía mal, era peor. Yo le contaba que estaba pasando por esto del TOC de amores. Él me dice que tenga paciencia, que ahora que volví nuevamente al medicamento, debo darle tiempo para que haga efecto. Que lo que yo decida, él me entenderá porque él también sufre al verme así y desea que tenga la paz mental que yo deseo. Todos los días le he pedido a Dios que me de ojos de amor para él, que yo merezco alguien así en mi vida. Pero siento en mi corazón que no lo quiero, que debería dejarlo ir, que nunca me voy a sanar, que ya no seré capaz de amar y que esto me va a perseguir por el resto de mi vida. Ni siquiera ya siento miedo de dejarle porque ya me he creído esta mentira de mi pensamiento que no le quiero, pero a veces pienso que si no llego a escuchar su sonrisa más en mi vida, me sumiré nuevamente en una depresión que no quiero. Ya no sé qué hacer y bueno… Aquí estoy luchando otra vez, porque como ahora él vive en otra ciudad por su trabajo que es piloto, para mi ha sido más duro. Desearía tenerlo a mi lado, llorar en su pecho, pedirle perdón por mi ser. Todos los días le pido a Dios y ya no sé qué más hacer. Me pongo a pensar: Cómo hay familias que se recuperan a pesar del daño y los errores que a veces se hacen? Y cómo yo no puedo tener amor por esta persona que entrega todo por mi? Él hace todo lo posible por vernos porque es quien tiene la facilidad económica. Está preocupado, y tengo tanto miedo de defraudarlo, y tengo rabia por esta enfermedad. Siento que no conseguiré superarla otra vez. No saben con cuánto dolor escribo estas palabras, pero bueno, nuevamente digo: Aquí estamos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *