Renacer

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Como podrías volver a renacer sin antes haber quedado reducido a ceniza.        Nietzsche

Trastorno obsesivo compulsivo fóbico

Ya sabía el nombre de la locura en la que se había convertido mi vida, la oscuridad que me acompañaba día a día, tenía algo a lo que agarrarme… un nombre, como clavo ardiendo lo sujeté con el alma, pues era lo único que aun podía tener algo de fuerza.

El psiquiatra me recetó dos pastillas, Anafranil (Clomipramida, antidepresivo triciclico) y Tranxilium (Ansiolitico), este último lo intente tomar lo menos posible, después de comprobar en el estado que quedaba al tomarla, dormía casi todo el día y me anulaba completamente. Este señor me dio el nombre, medicación y me aconsejó que me pusiese en manos de un psicólogo.

En esos días la ansiedad era desorbitada, había dejado de trabajar, me pasaba todo el día en casa, tirado en el sofá sin hacer nada, aturdido por el ansiolítico, me había quedado sin fuerzas. Las compulsiones eran más mentales que físicas, y compulsionando gastaba la poca energía que me quedaba una vez despertaba de las largas horas que me pasaba durmiendo. Mientras Belinda sufría al verme así, me imagino lo que tuvo que sufrir la pobre, pero qué de apoyo me brindo, no se movió de mi lado nunca, a la larga me doy cuenta que fue fundamental esa cercanía, pues aparte de su cariño y comprensión, me ayudo a exponerme a mi miedo, que no era otro que ella misma.

En la seguridad social me dieron cita para un psiquiatra, el cual se dedicó a recetarme medicación y a contarle siempre lo mismo, pues cada vez que iba me atendía uno distinto. Lo resumo en estas breves palabras, por que no me aportó, ni me ayudó en nada. Un pena… un tema del que se puede hablar largo y tendido, que de recursos malgastados, que de impuestos pagados y que poca preparación en un trastorno que según se dice hay sobre un millón de afectados en España.

Buscamos un psicólogo privado y nos pusimos en contacto con él, me dio cita para una semana después, para mi toda esa espera en aquel tiempo era eterno, recuerdo la angustia con la que viví esos días, por mi mente pasaba el suicidio continuamente, no veía otra salida.

Por primera vez en mi vida me ponía en manos de un psicólogo, aquel tiempo lo tengo un poco perdido en la memoria, la terapia y mucho de lo que hablé con él. Recuerdo cuando me senté en su despacho y observé que le faltaba una mano, mas tarde supe que era militar retirado por un accidente en el que la había perdido.

Le conté lo que pasaba por mi cabeza, pensamientos continuos de dejar a mi mujer, que no sentía nada por ella y que la veía fea, llena de defectos. Que por mi cabeza pasaba el suicidio en muchas ocasiones, porque yo en realidad no quería dejarla, o eso creía.

Para mí fue un soplo de aire cuando me dijo: – No te preocupes, si te pasa esto, es porque la quieres demasiado y tienes miedo a perderla. Recuerdo como me puse a llorar cuando me dijo aquello, para mí fue un motivo para luchar, fue recobrar la esperanza que se había perdido hacía ya tiempo. Además me dijo: – no eres el único, esto le pasa a más gente de la que te imaginas, no estás solo. Como tan poco, puede hacer tanto. Con pocas palabras entendí que no me estaba volviendo loco (aunque yo creía que si) y que le pasaba a mucha gente.

Durante el tiempo de terapia, me aconsejó tomar Seropram (Antidepresivo, inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina) la cual tome junto al Anafranil, hasta mi recuperación.                             Me enseñó que eran las compulsiones y como hacían que la obsesión se hiciera más fuerte. Como en aquel tiempo tenía muchas compulsiones físicas, me pidió que dejara de hacerlas, mirar sus fotos, oler su ropa, abrazarla… no fue fácil                                                       Belinda me acompañó en más de una ocasión a consulta, para darle pautas a seguir en mi tratamiento. También me aconsejó hacer deporte y estiramientos, éste último para aliviar la cantidad de espasmos que sufría cuando estaba en la cama. También que saliera de casa e hiciera toda la actividad que pudiera, viajar, estar con los amigos, distraerme en todo lo que pudiera. A esto ayudo muchísimo Belinda, que aun estando a punto de dar a luz, no paro de obligarme a salir de casa, muchas veces lo hice sin fuerzas, pero salía con ella y viaje todo lo que pude.

La medicación y la terapia parecía que iba haciendo efecto, mi mente se había calmado un poco, eso me dio fuerzas para salir a correr y andar en bicicleta algunos días, eso calmaba algo mi ansiedad y pude dejar de tomar el ansiolítico con tanta asiduidad.

Esperábamos el nacimiento de nuestro hijo, era cuestión de semanas, cuando llevaba ya unas diez sesiones, todo iba lento bajo mi prisma negativo, pero en la realidad iba dando pasos hacia delante, aunque no podía trabajar, empezaba a ver algún avance.

En el nacimiento de mi hijo los recuerdos son muy melancólicos, pues en esos dos días se me disparó la obsesión muchísimo,  cosa que me advirtió mi terapeuta, además de aconsejarme que no entrase en el parto, yo aunque hice caso omiso, no pude entrar pues el parto fue con cesarea. Acompañé a Belinda en dilatación durante doce largas horas, que para mi fueron eternas, compulsionando mentalmente haciendo que esas doce horas fueran una pesadilla. No sé cómo pude aguantar allí todo ese tiempo, solo tenía ganas de llorar por aquella locura. Eran gritos de desesperación que dentro de mi sonaban más fuertes que cualquier grito que por la puerta entraba de alguna mujer en parto, pero claro los míos no los oía nadie, solo yo, un mundo paralelo que solo vive uno mismo.

Finalmente por la mañana me echaron de la habitación, entraba ella sola pues en la cesarea no podía entrar nadie a acompañar. Aproveché para tomar aire y salir de aquel tormento, fueron demasiadas horas con el TOC haciendo de las suyas, estaba agotado.                                                             Después de una ducha reponedora en casa sonó el teléfono, era del hospital: – Su hijo ha nacido.                           Llegué al hospital y subiendo las escaleras me encontré con la matrona que nos había atendido toda la noche con un niño en las manos, me miro y me lo puso en brazos, me lo tuvo que quitar rápido pues empecé a llorar desconsolado y creo que mi cara anunciaba mi agotamiento.

Pasaron los días y llegaron a casa los dos, después de estar varios días en el hospital recuperándose de la cesarea. Yo seguía a lo mío, con mucho miedo que volviera Belinda, que viniese todo con fuerza, quería evitar mi miedo, pero no podía hacer otra cosa que soportarlo. Los primeros días del bebé en casa, mis miedos pasaron también hacia él, es como si todo lo que tenía relación con ella, se contaminara.                 Pero la verdad que el hecho de estar cerca de ellos, hacia sin saberlo desactivar mi malestar poco a poco.

Mi madre había venido a ayudarnos con el bebé, a mí me ayudo también, había alguien más en casa, más distracción, aunque nunca llegué a contarle nada de lo que me pasaba. Paseábamos casi todos los días los cuatro, salíamos a comprar, a ver a amigos.                             Belinda me obligaba siempre, pero ya pasado un tiempo a mi me apetecía también y me daba cuenta que cuanto más entretenida estuviera mi cabeza, menos aparecían los pensamientos y me dejaban tranquilo un poco.

La terapia, la medicación, el deporte y mis ganas por salir de esto, sumado al apoyo de Belinda hizo que fuese mejorando sustancialmente, aunque tuviese mis crisis, que desembocaban en mucha ansiedad, pero ya eran crisis y no veinticuatro horas, esto lo puedo hablar desde la distancia, aunque en esos momentos de crisis todo se vea tan oscuro y negativo, los pasos hacia adelante están dados.

Hubo algo que cambio nuestras vidas y si lo pienso y sabiendo nuestro patrón TOC, que es un gran miedo a los cambios y a la incertidumbre, decidí que vender la casa y  marcharnos de la isla hacia Sevilla.         Belinda por supuesto no quería, allí habíamos sido tan felices y teníamos nuestras vidas tan encaminadas. Conforme iba mejorando, a mi la casa me trasmitía sufrimiento, oscuridad y malos recuerdos. La pusimos en venta y en no más de un mes estaba vendida.

A mí me había salido trabajo en un hotel ya en mi tierra y no dude en salir huyendo de todo aquello, tenía la necesidad de huir y respirar.  El psicólogo me dio el visto bueno y me dio las pautas para ir dejando la medicación poco a poco y seguir todo lo que me había enseñado. Me despedí de el casi sin darle las gracias y sin mirar mucho hacia atrás.

Una de las cosas que nos caracteriza a lo TOC es el ego, por lo menos yo lo veo así y siento que creemos que nosotros somos los que nos merecemos toda la atención y en muchos casos  solo pensamos en nosotros, obviando el cariño y la ayuda que nos prestan nuestros seres queridos. En mi caso fue así y una vez vendimos la casa y con la excusa de que tenía trabajo me marché yo solo, dejando a Belinda sola ante tal magnitud de mudanza y un bebe. Mi madre también quedaba para recoger una vida y trasportarla a más de mil kilómetros.           Yo necesitaba aquello aunque ha sido lo más egoísta que he hecho en mi vida. Fue llegar a Sevilla y tomar aire fresco.

En una semana estaba trabajando, nuevos compañeros, nuevas experiencias y mente ocupada, eso hizo que cada día fuese un paso adelante. Ya solo me quedaba esperar que llegaran Belinda y el niño, en un nuevo lugar, con nuevas ilusiones y nuevos sueños. Este cambio significo para mi salir de toda aquella mala experiencia y aunque estoy seguro que sin el también me hubiese recuperado, tengo claro que no hubiese sido tan rápido. Cuando al fin llegaron, empezó una nueva vida para los tres.

Al principio iban y venían los pensamientos, pero los toleraba mejor y gracias a la ilusión que tenia por todo este cambio, poco a poco fue disipándose. La medicación fui bajándola tal como me había aconsejado el psicólogo, paulatinamente hasta al fin dejarla del todo. Quería olvidar toda aquella pesadilla para siempre, olvidar todo aquel sufrimiento que habían hecho no poder disfrutar de aquel momento tan importante en mi vida, que era el nacimiento de mi hijo, pero después de quedar reducido a cenizas, supe renacer de nuevo.

Notas:

Si algo he aprendido de aquella experiencia aunque tarde, es que nunca debes cerrar la puerta del todo, después de aquello, pensé que no volvería a suceder jamás, que estaría preparado, que todo quedaría en una mala pesadilla y una anécdota negativa en mi vida.                                             No se trata solo de terapia, hay que aprender a soltar y fluir mas, no ser tan rígidos, tan exigentes con los demás y con nosotros mismos.

Las tres veces que he padecido TOC han sido en momentos de cambio momentos en que mi mente inconscientemente a identificado como una pérdida de control, sumada a tres momentos en los que más unido he estado a mi mujer, mi boda, el nacimiento de mi hijo y la muerte de mi padre. Paradójicamente en esa ocasión fue un cambio lo que me ayudó del todo a salir del TOC, con lo que conlleva vender tu casa, dejar tu vida y trasladarte a mas de mil kilómetros, pero las cosas de la mente son así, no hay quien las entienda.

En el caso del TOC del amor es fundamental estar lo más cerca posible de la pareja, aunque el TOC te diga lo contrario, está, exponte sin miedo, no hullas, da y recibe todo el amor que puedas.

 

 

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